20/02/09

Cap.3 - De Angeles y Demonios

Mientras los meses pasaban, el rey seguía impaciente por aquellas escenas que había visto. Noche tras noche, aquellas aguas negras brotaban de la oscuridad de los pasillos. Brotaban de las oscuras paredes de aquel antiguo castillo. Brotaban de los altos techos de madera vieja y de las ventanas que daban a la nada en las noches.
Simplemente no podía sacarse esas imágenes de la cabeza. Saber que su hijo, el heredero del trono, podría haber sido envenenado con la semilla del mal. Era una idea que no podía soportar.

Los meses fueron pasando, la panza de la reina crecía y crecía y el momento de la verdad estaba cada ves mas cerca.

El miedo crecía, cada vez más fuerte. El silencio era cada vez más ensordecedor en los pasillos del castillo. Mientras la reina cuidaba de las posesiones que su hijo tendría al nacer, el rey pasaba semanas en la iglesia del castillo rezando y rezando, esperando una respuesta divina.





"Su majestad, ¿desea algo de beber antes de ir a la cama?" - pregunto el sirviente
"No gracias, déjeme tranquilo, necesito rezar un poco y leer para conciliar el sueño" - contesto el rey

Mientras leía en sus aposentos, el rey sintió una suave brisa correr por la mesa donde leía. Estiro sus brazos y cerro la ventana que tenia frente a el. Continuo leyendo, pero nuevamente sintió una suave brisa recorrer sus brazos y pasar por sus hombros hasta recorrer su espalda.
Se dio vuelta suavemente para ver si la puerta seguía abierta. La puerta estaba firmemente cerrada. Miro hacia la ventana nuevamente y observo que esta estaba entrecerrada. Volvió a cerrarla, y luego la trabo.
Mientras terminaba de cerrar la ventana sintió una palma apoyarse sobre su hombro. Era una como una palmada de padre, calida, reconfortante, transmitía seguridad.

"Tranquilo Garandir Theodor VII, hijo de Ulianor Theodor VI" - escucho susurrar a sus oídos

"¿Quien eres?" - susurro el rey

"Soy un enviado del señor, temerme no debes, pues aquí estoy para responder tus plegarias" - contesto la voz

"¿No... no puede ser... eres... eres un ángel?" - pregunto el rey

"Puedes llamarme ángel si así te place. Te preocupa tu futuro hijo, ¿no es así Garandir?" - susurro la voz

"Si... así es. Temo... temo que este envenenado, temo que traigo consigo desgracias insufribles, creo... creo que lleva la semilla del mal en si" - explico Theodor

"así es Garandir... tu hijo conlleva un gran mal dentro. Un mal tan poderoso, que ni tu podrás enfrentar. El no lleva tu sangre, su sangre pertenece al Demonio." - contesto la voz

"No... ¿Porque?... ¡¿Porque mi dios no hace nada?!" - grito el rey

"El señor tiene un mensaje para ti, ¡Gran Rey de Theodor!, me ah enviado aquí para tomar la vida de tu reina" - contesto la voz - "Es la única manera de evitar catástrofes mayores. Tú quedaras a cargo de tu hijo y deberás educarlo en las enseñanzas divinas. Ese es el camino que deberás recorrer para reparar las viejas heridas que tu reino le ha hecho a este mundo"

"¡No! ¡No permitiré que este Dios dañe a mi familia!" - exclamó el rey

"No podrás detener la voluntad de tu señor, Garandir Theodor VII, pues ya ah sucedido lo que he venido a predecirte. Sigue las instrucciones divinas, y verás que tu futuro y el de tus generaciones serán preservados. Desobedece, y tu y todas tus generaciones jamás serán perdonadas" - contesto la voz

De repente la puerta de la habitación se abrió, uno de los guardias reales entro como un rayo a la habitación y exclamó:

"¡Su majestad! ¡la reina!..."

"Ya sé... ah muerto... ¿como esta mi hijo? ¿Ah sobrevivido al parto?" - interrumpió el rey